“A mediados del siglo XVIII la plebe era ‘peligrosa’ tanto por su número como por su diversidad. Esta percepción llevó a que las autoridades hiciesen del disciplinamiento social una tarea prioritaria. El miedo a la población numerosa, desconocida y diversa, desconcertó a los grupos dominantes. Ya no se trataba simplemente de indios y españoles, ni siquiera de éstos y mestizos, sino que de toda clase de mezclas. Las distinciones por el color de la piel tampoco eran útiles cuando éste se hacía más uniforme. A fines del siglo XVIII, por ejemplo, para reafirmar la estratificación social que el color de la piel ya no aseguraba, se recurrió a la vigilancia en el vestir correcto de cada uno de acuerdo a “su estado, sexo y calidad”. Esta realidad distinta llevó a repensar sobre el problema de la dominación y cómo enfrentarlo, quiénes dominaban y quiénes eran subordinados. Se resolvió calificando al otro, objeto de dominación, como inferior y débil.
“El miedo a una población de la cual no se tenía información cierta de sus formas de sostenimiento, que ni siquiera era ‘conocida por los jueces’, no era una reacción tan descabellada. Era la reacción ante lo desconocido. Esto significa que el aumento de población, asociado al mestizaje, generó una readecuación del poder local hacia adentro. El aumento provocó descontrol.”
Araya, Alejandra. Ociosos vagabundos y malentretenidos en Chile colonial. LOM, Santiago1999. Pp 48 y 49.
interesante...
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